No tuve la dicha de conocerte, pero me han contado tanto de vos que a veces siento que sí.

Nunca escuché el timbre de tu voz, pero de alguna manera te he escuchado toda la vida.

Nunca me viste con tus propios ojos, pero he visto el reflejo de tu mirada en los ojos de quienes te quisieron.

Nunca vi tu rostro frente al mío, pero conozco tu sonrisa.

No sé cómo se sentía uno de tus abrazos, pero sí sé cómo querías.

Nunca pude tomarte de la mano, pero muchas veces he sentido tu empuje.

Nunca vimos un partido juntos, pero compartimos esa misma pasión que hace que un simple deporte deje de ser tan simple.

Nunca pasé un día con vos en Guacerique, pero, sin habernos puesto de acuerdo, terminamos teniendo el mismo lugar favorito en el mundo.

Nunca te vi montar a caballo, pero algo de tu escuela llegó hasta mí.

Nunca me hablaste de Dios, pero sé que has tenido mucho que ver con mi relación con Él.

Nunca me contaste tus historias, pero crecí escuchándolas. Y, sin darme cuenta, algunas terminaron convirtiéndose también en las mías.

Hace mas de cien años naciste y, aunque entonces nadie podía imaginarlo, con vos comenzó una historia de la que hoy soy parte.

Una historia que siguió incluso después de que te fuiste. Que se quedó en tus hijos, en sus recuerdos, en las cosas que enseñaste, en las costumbres que dejaste y en todo aquello que, sin saberlo, nos fuiste heredando.

A veces pienso en lo extraño que es querer a alguien a quien nunca se ha conocido. Extrañar momentos que nunca sucedieron. Imaginar conversaciones que nunca tuvimos. Sentir cariño por una persona que nunca pudo pronunciar mi nombre.

Y, sin embargo, aquí estoy.

Queriéndote sin haberte conocido.

Porque, aunque nunca nos vimos, nunca hablamos y nunca nos abrazamos, de alguna manera siempre has estado a mi lado.

Y quizás eso sea lo más bonito de todo: descubrir que hay personas que no necesitan estar para quedarse.

Feliz cumpleaños, abuelo Daniel.

Qué curioso, abuelo, que la vida no nos haya dado tiempo para conocernos, pero sí tantas maneras de querernos. 

Esta es una versión de una carta que te escribí hace unos años.

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