El año pasado marcó un antes y un después en mi vida. Fue uno de esos ciclos en los que el mundo se rompe en silencio… Y uno también.

Tomé decisiones impensables, de esas que lo cambian todo. Quemé mis naves, sin mapas ni certezas, sabiendo que ya no había regreso. Decidí que ya no podía mas.

Y me encontré en medio de una isla desconocida, con el corazón hecho escombros y el alma preguntando si realmente habría una salida. A veces creí que no. Que jamás podría reconstruir lo que fui.

Que empezar de cero era demasiado, que buscar la madera, los clavos, el martillo, la esperanza… era pedirle demasiado a alguien que apenas podía sostenerse en pie. Pero algo pasó. Algo suave, casi imperceptible, como una brisa que no ves pero empuja las velas.

Descubrí que sí se puede. No hay que empezar desde cero, ni volver a ser “quién era antes”, es transformarse.

Que aunque duela, aunque duela mucho, uno puede volver a armarse. Pieza por pieza. Lento. Insegura. Pero viva. Nueva. Con dolor. Mas fuerte. Plena.

Reconstruí mis herramientas, forjé nuevas velas, y aunque todavía no me siento completamente de vuelta, puedo mirar hacia atrás y decir, con voz temblorosa pero firme: valió la pena, esto apenas comienza

Porque entendí algo que nadie me había enseñado: que nada puede florecer afuera si adentro está marchito. Que no se puede construir algo grande si no hay paz en el propio corazón. Que uno no se encuentra al final del camino, sino en medio del naufragio.

Hoy, en este Día Mundial de la Salud Mental, quiero recordar —y recordarme que la valentía no siempre grita; a veces susurra.

Que pedir ayuda, detenerse, llorar, desarmarse… también es avanzar. Y que volver a empezar no es una derrota.

Es un acto profundamente humano, profundamente valiente, profundamente nuestro. Heroico y sólo para verdaderos guerreros.

Porque siempre, siempre se puede volver a navegar. Aunque no tengas nave. Aunque sea con velas nuevas. Aunque sea con otro rumbo. Aunque aún no sepamos a dónde vamos.

Lo importante es esto: navegar, con el corazón despierto y la esperanza encendida.

Estoy muy orgullosa de ti, de mi.

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