Todo empezó con un antojo: Un tiramisú.

Ella no sabe muy bien de dónde salió.
Tal vez de un video de TikTok que apareció sin aviso.
Tal vez de un lugar más profundo, donde el cuerpo empieza a pedir cosas que el alma todavía no entiende.
Era su primera semana sola de regreso en casa. Y además tenía gripe.
Una de esas gripes que no solo pesa en el cuerpo, sino que vuelve todo un poco más frágil. La piel más fina. Las emociones más cerca de la superficie. Entre estornudos y kleenex mencionó el antojo casi sin pensarlo. Como quien dice algo al aire. Pero el aire, escucha. Y esa noche alguien tocó la puerta. Aparecieron dos chefs. Pero más que chefs, algo más difícil de explicar.
Traían una ensalada César y un tiramisú.
Entonces puso música. Muy alto. Tan alto que las paredes tuvieron que escuchar con ella. Suena “Man I Need”
La ensalada fue lo primero. Y en cuanto probó la primera hoja, Nueva York apareció de golpe. Las cenas allá. Las noches que vivío. Las calles que recorrío. La ciudad respirando afuera de los restaurantes.
Una versión de ella misma que todavía camina en alguna calle de Manhattan y que el humo se extingue en el cielo.
Pero luego llegó el tiramisú. Y el tiramisú hizo otra cosa. Hay comidas que se comen. Y hay comidas que abren puertas invisibles. La primera cucharada fue suficiente. Sintió como si alguien hubiera encontrado una pequeña grieta en su corazón y hubiera decidido pegarla con cuidado.
Y la emoción empezó a crecer. Hasta que se volvió demasiado. Tuvo que tirarse al suelo. Literalmente. Como si el cuerpo supiera que para sostener tanta emoción primero había que tocar tierra. Al fondo “Opalite” de Taylor Swift.
Y lloró.
Lloró por el tiramisú.
Por la ensalada César.
Por Nueva York.
Por la gripe.
Por haber regresado.
Pero sobre todo lloró por algo más simple.
Porque entendió, sin que nadie lo dijera,
que la querían infinito. Y a veces el amor no llega con discursos. A veces llega con una ensalada un tiramisú y el deseo de curar una gripe un poco mas rápido.
Muchos tienen metas muy claras en la vida. Un matrimonio. Una carrera exitosa. Dinero. Fama. etc.
Ella pensó en eso por un momento. Y luego tuvo una sensación extraña. Como si ya hubiera llegado. Como si, después de un momento así de pequeño
y al mismo tiempo tan inmenso, no supiera muy bien a qué más podría aspirar.
La emoción fue tan grande
que por un instante sintió que si crecía un poco más… iba a explotar.
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