Este tiene una dedicatoria especial: el otro día vi un video que decía que si estuvieras en un salón donde están todas las personas con las que has convivido en tu vida, ¿a quién buscarías primero? Y pensé en ti.

Y me recordé de ese día, sentadas en la banca de un parqueo a la salida de una farmacia:

A veces no sé si logro expresarme bien. Tenía miedo de que hubieras dejado de creer en mí. Le doy gracias a Dios por tenerte en mi vida, y me paralizaba pensar que no estuviéramos en sintonía. Los años pasados han sido duros, pero ya pasaron. Pienso que Dios los quiso para sacar cosas buenas: para poder entender mejor a las personas, no vivir tan en la luna, entender mi pasado y perdonarlo.

Te escribo porque quiero poder decirte todo, así me expreso mejor. Ya aprendí a llorar, a reírme, a disfrutar de ver a la gente feliz. Puedo escuchar y me encanta, y también puedo estar con alguien en silencio, solo estar. Soy consciente de que puedo tener detalles con la gente, y se sienten muy queridas. Y no tiene que ser sobre mí. Tengo mucho que aportar, y antes pensaba que no valía nada.

Me falta mucho por recorrer, y aún tengo deudas pendientes. Pero transformé un poema que leí y este es mi plan:

A simple vista, puedo jurar que es la mujer más fuerte del planeta, pero no, en su interior ella está luchando y resistiendo, simplemente para no caerse a pedazos.

Ella se siente incapaz, insegura y triste. 

Ella tiene un corazón que se derrite, quiere mucho y por eso tiene miedo a querer. 

Un día dejó de llorar, y eso la hizo “insensible”, pero poco a poco buscó volver a encender ese corazón congelado y le arrancaron lágrimas, hasta que un día bajo el cielo despejado y azul, empezó a llorar por la tormenta que llevaba encima. Así ella volvió a amar. 

Una mujer indestructible, única y capaz de todo. 

Ella es un huracán en medio de cualquier diluvio. Otras veces su locura la impulsa a levantarse, así ella, con las velas rasgadas, con un poco de agua en la cubierta, y con el timón medio roto, se levantó: la proa se dirigió a puerto y eso se prometió. Aunque se desvíe cien nudos, mil veces retomará el rumbo: así es ella.

Ella es ella.

Y gracias, porque más que una que ha vivido conmigo, eres mi hermana mayor, una gran amiga. Y ¿sabes qué es lo mejor de todo esto? Tener una amiga es maravilloso, pero tener una amiga con quien has compartido la vida, no tiene nombre; es impresionante, porque entonces no es cualquier amistad. Y me encanta que en una misma conversación podemos comer, hablar, reír, llorar, y estar en desacuerdo.

Siempre siento como tallaste en mi corazón aquellas palabras en esa banca: mi misión me dice que te pide que te quedes, pero como amiga te ruego que te vayas. “Deja a Teresa ser libre”.

Leave a comment