Ninguna buena historia empieza con un “todo salió según lo planeado”, ¿verdad? Eso suena más a un Mito que a verdad. La realidad es que lo mejor de la vida está en esas sorpresas que nos caen de la nada, en los momentos inesperados que nos sacan una sonrisa y nos dejan pensando: “¿Esto realmente acaba de pasar?”. Para que eso suceda, a veces hay que tirar el plan por la ventana.

Cuando llegué a Nueva York por primera vez, soñaba en grande, como si estuviera en una película. Pero nunca me imaginé que un día viviría aquí, pero el camino entre mis sueños y la realidad han sido como un maratón, y cada paso parecía estar muy lejos de aquel “plan ideal”. Y sí, he tenido que tragarme un montón de fracasos y caerme un par de veces (bueno, más que un par, la verdad). Si hubiera intentado diseñar un plan para llegar aquí a rajatabla, probablemente me hubiera rendido hace mucho, porque el final que imaginaba no era ni de cerca lo que de verdad había para mí.
Recuerdo una vez que me sentí como si estuviera protagonizando una película, y me hacía esa pregunta: “Si estuvieras viendo tu vida en una pantalla, ¿qué le dirías a tu personaje?” ¡Ahh! Me volvería loca gritando: “¡Despierta! ¡Haz esto o aquello!” Pero claro, el plan que tenía no era del todo malo; de hecho, la película me estaba llevando a un lugar totalmente diferente, pero increíblemente hermoso. Aunque en ese momento no lo viera así.
Así que, al final del día, los planes son solo eso: ideas en un papel. La verdadera magia está en dejar que las cosas fluyan y ver a dónde te llevan. Y, a veces, cuando dejas que la vida te sorprenda, terminas en lugares donde nunca pensaste que estarías. ¡Y eso es lo mejor de todo! Yo ahora me despierto todos los días en Manhattan, y ese ha sido mi de tour.
Leave a comment